Qué feo día, desde acá no se oye ni se ve mucho pero siento que Virginia está frotando con fruición su panza. ¡Ay querida! Yo no sé cómo avisarle que no debe comer nada frito ni muy dulce porque yo estoy generándole piedritas. Que le sea leve, por favor. Que ya vomite. Ella está lejos de casa, yo no quisiera traerle más problemas. Que le sea leve, por favor. Que venga una ambulancia. Vir está terminando de escribir una historia y debe continuarla.
Pasan los días, ella no sabe que yo estoy pudriéndome al lado de su hígado.
Siguen los malos días: me parece que Vir comió una empanada frita. La siento correr desde la pieza al baño, agacharse, bajar la cabeza y agarrada del inodoro, devuelve toda la comida. Como hace tres meses, se retorcía de dolor en la cama, se preguntaba que le pasaba, sudando y con las piernas acalambradas, salió a la calle, caminó una cuadra, esperó ver un taxi para que la lleve a una guardia. El taxi no pasó, se apoyó de espaldas en un árbol, vomitó y se le pasó el dolor.
Es otro día, no he escuchado la alarma del celular para levantarse. ¿Qué pasa?, ¿acaso no estoy en casa? Oigo la voz del doctor Miranda y rodando sobre una camilla oigo el abrir y cerrarse de puertas. Mirando el techo, me encandilan las luces blancas del quirófano. Ella está anestesiada pero yo siento cuatro tajos en la panza.
Hoy estará su silla vacía, si, si. Y la computadora apagada todo el largo día, si, si Y su banco vacío en la clase.
¡Qué frío que tengo! Luego de haber pasado por laparoscópica fui a parar a un tacho de basura, desde aquí veo la pieza del hospital iluminada, Virginia entreabre los ojos despetandose de la anestesia. No me dejaron verla, sólo le acercaron en una bolsita, mis piedritas. Intenta ponerse de pie, le tironean los puntos, le pican las vendas y mañana tendrá que volver a La Plata.
Ya es de noche, ella duerme en una cama fría. Apaguen los jueguitos, bajen la música, no estén entrando y saliendo. Virginia sólo tiene doce horas de operada y necesita descansar tranquila.
Volvé a La Plata , querida, en cada pozo de la ruta, te recordaré, bancandote todo.
Otra vez en casa, y bien cuidada por la abuela termina los correspondientes días del postoperatorio
No necesita ningún filtro, estará mejor lejos de mí. No necesita nada de mí, su estómago y su hígado se sabrán entender. Son cosas que pasan, querida, muchos más soles vas a ver.
Sublime. El cuerpo expresa lo que la boca calla. Abrazos Vir...
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