viernes, 16 de enero de 2015

BALADA PARA UNA MENTE

Ya busqué mil maneras para poder llevarme bien con vos. No sé que más puedo hacer, ni cómo convencerte, mente entorbellinada mía, que me dejes en paz.. Tan pocas cosas te pido, alguna vieja foto con mi familia, con antiguos amigos, la secundaria, cuando recién llegué a La Plata, del río. Pero no, me amagas, las colgas un ratito en tu pantalla y las volvés a sacar. Me perturbas con un desfile de malos pensamientos por la pasarela de nuestro ingenio. Me destrozas, me acelerás. Sembras semillas que germinan y contaminan mi cabeza. Balbucenado me implorás que te dé algo más de destreza, ¡ay , si entendierás, que más de lo que hago no puedo! Que yo también quiero algo mejor para vos. ¡ay, si conociera todos tus secretos! Regalame un manto de ceguera lúcida. No me llevés mas a lo más alto de la locura. Pensar, pensar, pensar… no quiero pensar más.
Pensé en comparte zapatillas y hasta una bicicleta para salir a acomodarte las ideas. Entendeme que no quiero gastar mi plata ahorrada en esas cosas, ¿no te gustaría, acaso, que tengamos nuestra notebook y escribamos tranquilas en casa? Tranquila, he dicho. No permitirás otra vez , que terminemos dominadas por una historia.
Dame fuerzas para soportar la tormenta que se aproxima. Y el cine, el maldito cine. Ya te dije, no sé si me hace felíz. Y me pedís… me pedís más de lo que te puedo dar, tesoro mío, mis palabras no te alcanzan. Querés que sea una hija reconocida del Señor de las Artes. Una a una me repetís las frases que lastiman mis oídos: que no hay maestría sin rodaje. Que los demás deben ser meros objetos de mi puesta en escena. Y me pedís lo que no puedo tener. El sólo construír con las palabras no te alcanza. Me tenés tan confundida, tan perturbada, ¡¿no entendés que no sé si quiero entrar en tu casa?!
Dame un día de respiro, dejame dormir una noche.
Intento tenerte apaciguada pero más de lo que hago, no puedo. Subí la persiana, prendí un sahumerio. Pasé horas acodada en la ventana; quiero que sientas el viento, que veas un cacho de cielo. Tomé dos o tres tazas de te de tilo. Probé meditar tumbada en el suelo. Ya no sé que hacer para que te sientas apaciguada. Afuera, el cielo se encapota y cierro la ventana. La tormenta que se aproxima no será menos tempestuosa que las tormentas que vos les mandás a mi alma. Los volcanes están más calmos antes de erupcionar que mis venas con mi sangre ardiendo por el hervor que vos le das.
Ya no sé que hacer para llevarme bien con vos. Tan cansada me tenés, hace años que me tenés así. Y Lily me dice que me ve tan acelerada, ¡ay, si pudiera tenerte apaciguada! Y los demás me preguntan: ¿qué es lo que pasa contigo, Virginia? Y yo no sé que contestar. Cielo divino, ¿qué estás haciendo conmigo? Tres días estoy bien, tres o cuatro estoy mal . Más semillas me sembrás cuando estamos quietas recostadas en la cama. Te estancas, germinás y contaminás mi cabeza.
Tesoro divino, mío, dame un día de respiro.

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