Yo no sé cuantas cosas se pueden aprender de la mano de una persona que nunca te prometió nada. Pero sé que en tu piel aprendí a disfrutar del momento sin pensar en el antes ni el después.
No sé si todas las mujeres seremos igual , pero me mata la intriga de saber si con todas caminás de la mano por el bosque hablando de historia del arte y de esculturas. Ay, ¿ ¡quién más tuviera ese placer!?
… y se ríe de mí, mi incierto destino, cuando cruzás mi puerta; nunca me puso una buena en mi camino, yo camino en una ilusión.
Y sé que para siempre tendré que aguantarme las ganas de decirte que me muero por vos, aunque sepa que me voy a morir mañana; no hay que cantarle a los jugadores que se agrandan, me enseñaron una vez.
Y te tendré que salir a abrir la puerta, sé que no me voy a arrepentir, Porque lo entiendo, mi amor, no te puedo obligar a que me ames.
Quedate tranquilo , mi amor, no te voy a besar adelante de los demás. Creeme que si no sos vos, habrá alguien más.
No sé a cuantas más vas a enamorar, pero tengo la esperanza de que ninguna va a poder, escucharte hablar de pinturas y culturas originarias, Ay, ¿¡quién más pudiera darse ese placer?!
Y la verdad, no sé porque dramatizo tanto, es una de las tantas cosas que me generás. La música de mi interior me dice que no te puedo obligar a que me ames. Y lo peor es que las historias que me cuento, no son las más aceptadas por la mayoría social, lo que vayan a decir, lo voy a contar en la escena del final. Y cuando me dediques una en tu privacidad, si querés me podés llamar, quedate tranquilo, mi amor, que yo entiendo que no te puedo obligar a amar.
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